admin/ mayo 16, 2018/ Programación Neurolingüística/ 0 comments

Todos los días, desde hace seis años, me trago dos horas de autobús. Una para ir al trabajo, otra para volver a casa. Vaya rollo, ¿verdad?

Al principio, me agobiaba pensar en esa gran cantidad de tiempo que podría estar empleando en avanzar alguna de las tareas pendientes, es cierto. Intenté ponerle remedio yendo en moto, pero la media hora que ganaba no me resultaba para nada provechosa.

autobús flotando en un lago

Esta era yo pensando en todo lo que tenía que hacer.

Un día, viendo cómo el conductor del bus se peleaba con el tráfico, me di cuenta de lo mucho que me relajaba estar allí sentada sin más. Me dije: «puede que, al final, sí que tenga este tiempo para mí».

Después de esto, empecé a dejarme llevar, a desenchufar, y con el tiempo, conseguí emplear ese tiempo en leer. Así, sin darme cuenta, quité la lectura de la lista de tareas pendientes y pude disfrutarla y acabar libros sin presión. Con un solo pensamiento, cambié mi creencia limitante (estoy perdiendo el tiempo) en una provechosa (me relajo y he encontrado un lugar donde leer y escuchar música).

Al final, incluso escribo en el bus. Estar una hora tranquila leyendo o con la cabeza en las musarañas a veces ayuda a dar ideas. Me instalé el Scrivener en el móvil y no me podía haber ido mejor.

De esta forma tan inconsciente, apliqué un pequeño proceso de Programación Neurolingüística a mi vida: reprogramé mi experiencia negativa con el transporte urbano a base de afirmaciones positivas. Todos lo hacemos en algún momento sin darnos cuenta.

Pero, ¿qué es la PNL?

En El poder de la palabra, Robert Dilts afirma que «]sta se ocupa de la influencia que el lenguaje tiene sobre nuestra programación mental y demás funciones del sistema nervioso.» Otras definiciones que encontraréis dirán que trata el estudio de la experiencia subjetiva.

Y esta última palabra es sumamente importante, pues todo es subjetivo, como ya sabrás. Por ejemplo, cuando hago un análisis de una novela, intento basarme en cuestiones objetivas, pero siempre me toca avisar cuando voy a dar una opinión exclusivamente mía.

Básicamente, la programación neurolingüística estudia cómo el pensar y comunicarse de manera más eficaz se puede aplicar a cualquier ámbito de nuestra vida, y busca mejorar nuestras capacidades comunicativas para ejercer un cierto efecto en los demás, un efecto que cambie su forma de percibir generalidades.

No dejes que la palabra programación te engañe.

Al contrario de lo que pueda parecer, no se trata de manipulación, aunque a veces la publicidad más agresiva utilice recursos de la PNL para hacer esto precisamente. Antes de seguir adelante, debo insistir en que todo uso de la Programación neurolingüística tiene que ser ético. Sobre todo, como escritores que somos.

La programación neurolingüística en la escritura.

Pero, ¿se puede aplicar a la escritura? ¡Pues claro! El objetivo de utilizar la PNL en la literatura es ser más eficiente a la hora de comunicarnos y, sobre todo, de generar ese efecto de bienestar en el lector que le hará querer seguir leyéndote. A ti. No solo tu historia porque engancha (eso se puede conseguir de todos modos sin PNL), sino el resto de tus libros, porque sabrá que, de algún modo inexplicable, tus novelas son para él como un escaparate de chuches.

Pero qué cosa más provocativa… Quieres entrar y llevártelo todo, ¿a que sí? Para ver más, échale un ojo a esta página tan cuca http://snackmarket.es/blog/especial-profesionales-escaparates-que-enamoran/

A lo largo del blog iré contándote poco a poco qué técnicas puedes aplicar a tu escritura para lograr eso tan difícil, pero ya te adelanto que se trata de una mezcla entre lenguaje sencillo pero no plano, con una buena autoridad narrativa, contradicciones lógicas en los personajes y… varios truquitos más que te ayudarán a que, a base de pasar cosas, no tengas que explicarlas. También te hablaré de los diez principios de la PNL, y empiezo ahora mismo con los cuatro pilares básicos:

  1. Compenetración: ¿escribes fantasía oscura? ¿Épica? Sea como sea, tendrás que saber qué buscan los consumidores de tales subgéneros, darle las vueltas que quieras, renovarlos, pero siempre darle al lector experiencias que le llenen desde su punto de pista personal. Ya sé que esto parece reñido con aquello de «escribe lo que quieras», pero en realidad no es así; si tienes una buena compenetración con tu lector, ambos querréis lo mismo: esa historia que te encantaría leer y que nadie ha escrito todavía.
  2. Aprender a emplear los sentidos para estimular los del lector, cosa que lograrás perfeccionando la descripción y las figuras retóricas, y aprendiendo dónde ponerlas. Sí, ya sé que lo de figuras retóricas suena a rollo, pero si las conoces, podrás manejarlas como quieras. Esto de los sentidos no es exclusivo de la PNL; en la universidad, en la asignatura de Comentario de textos literarios, ya nos insistían mucho en que nos fijáramos en cómo apelaban a ellos los escritores que estábamos comentando. Y sí, mucho de lo que sé y escribo aquí es gracias a lo que aprendí en esa asignatura.
  3. Mantener el resultado en mente. ¿Has empezado a escribir la novela y aún no sabes qué pasará al final con el tema principal? Qué bonito, eso de lanzarte sin que te estorben los tontos esquemas. Por desgracia, si no sabes a dónde quieres ir, ¿cómo vas a escoger tu camino sin tomar desvíos y dar rodeos innecesarios? Rodeos que, por cierto, confundirán e incluso aburrirán a tu lector.
  4. Flexibilidad, o, traducido a nivel de personajes, contradicciones internas, resultado de sus conflictos personales y de su capacidad para cambiar. O incluso no cambiar, si la conclusión de tu novela no es muy optimista. Pero que el lector saque algo en claro y lo entienda; un personaje que no cambia puede ser el resultado de una lección mal aprendida o de una forma de ser muy rígida. Pero, por favor, si el personaje es igual al final que al principio, que no sea porque es totalmente plano. Él no sacará nada en claro de su historia y, por desgracia, el lector tampoco. Se irá a leer a otros autores que sí le hagan sentir.

Y ya termino esta introducción a la programación neurolingüística.

En futuros artículos te contaré cómo aplicarla a tu novela para que tenga ese no sé qué que enamora. Ese no sé qué que engancha al lector a ti como escritor. A tus mundos. A tus palabras.

Cuéntame, ¿habías oído hablar ya de la programación neurolingüística?

 

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