Maribel/ mayo 27, 2017/ Blog, foto-reseñas/ 0 comments

Hoy, gentecilla y gentucilla de todo tipo, después de una buena temporada en el limbo, traigo algo que tengo en la estantería y que además me inspira desde hace mucho tiempo: Mundos perdidos, del artista John Howe. ¿A alguien le suena? A todos aquellos fans de El Señor de los Anillos seguro que sí, puesto que se trata de uno de los dos artistas conceptuales que han trabajado toda la vida con la obra de Tolkien y que se estuvieron currando los escenarios de la película junto a Alan Lee. 

Pero hoy no he venido a hablar de El Señor de los Anillos, sino de mundos que, tal vez, hemos tenido aquí, en el nuestro. Imaginarios o no, caídos hace siglos, o, puede, existentes al mismo tiempo que el nuestro, están entre las páginas de este libro. Mira esa verja tan bien labrada. ¿Es que no piensas abrir la cancela?



Una vez te atreves a cruzar, te encuentras con un recibimiento tranquilo, un castillo que te dice en qué obra estás, porque, por supuesto, es de buena educación recibir al recién llegado. (Y si no, que se lo digan a Bilbo). Esa ha sido MiniYo, pero en las foto-reseñas no la dejo asomar la cabeza, o habría saturación de imágenes.


 
 
Si no te has acomodado demasiado en el castillo, podemos seguir con la visita. ¿Ya? Bien. Enseguida sale a tu encuentro el mismísimo Ian McKellen para darte la bienvenida y decirte lo que vas a encontrar en este paseo.
 
 
«Los mundos se imaginan e ilustran, y se tornan reales ante nuestros ojos. […] Como volando en sueños, aquí podremos sobrevolar la Atlántida y Camelot y volver a creer en unicornios».
 
Esto te dice Ian Mckellen antes de marcharse y de que aparezca John Howe, el autor de la obra, sosteniendo un diente de narval. (¿Seguro que es de narval? ¡Mira que nadie quiere compartir los cuernos de unicornio!)

 

«Indagar en el pasado es como buscar unicornios. Necesitamos unicornios. Del mismo modo, necesitamos Historia. Hay dos tipos de mundos perdidos: aquellos que fueron abandonados en el tiempo, y aquellos que viven en la imaginación».

 

 
Y aquí entonces John Howe te sumerge, para empezar, en el Jardín del Edén, donde hablará de fantasía, de descubrimientos reales, y de la discusión entre ambos.
 
 
«Es tan imposible rechazar el Jardín del Edén como pura fantasía como tomarlo literalmente; la cuestión ha generado apasionados debates desde la aparición de la Biblia. Sin embargo, como relato, es especialmente rico y significativo; la huida de Adán y Eva del jardín nos sitúa con firmeza en el camino del descubrimiento que todos compartimos».
 
Imagen en Mundos Perdidos
Según la Biblia, el jardín es regado por un río que fluye desde el Edén.
Este río se divide en otros cuatro, llamados Pisón, Gihón, Hidekel y Eufrates.
Imagen en Mundos perdidos de John Howe
En una leyenda bíblica, el unicornio fue el primer animal a quien Adán dio nombre.
Renuente a entrar a entrar en el arca de Noé, el unicornio pereció en el diluvio.
 
 
Verdad o no, John Howe se deja de leyendas bíblicas y te lleva a Babilonia.
 

 

«Considerados un regalo del rey Nabucodonosor II a su esposa, Amytis de Media, los Jardines Colgantes de Babilonia eran una de las siete maravillas del mundo. Los babilonios aprendieron a controlar las inundaciones de los grandes ríos Tigris y Éufrates, y practicaron una irrigación de gran envergadura, convirtiendo los Jardines Colgantes de Babilonia en un exuberante oasis verde en la vasta ciudad de Mesopotamia, que se extendía en las llanuras».

 

 
De hecho, de haber sido la ciudad de Minas Tirith un poco más alegre, me habría recordado por su disposición a Babilonia, con sus terrazas y balcones escalonados. A la que sí me recuerda es a la Isla de Thanedd, de Geralt de Rivia, donde está la escuela de hechiceras de Aretusa. Allí sí hay jardines colgantes y belleza… ilusoria, pues Thanedd está que se cae. Mucho menos que la Babilonia real, eso sí, pues no quedan más que unos escombros.
 
Sigues paseando por las ruinas del mundo antiguo, y te vas a Egipto, concretamente a Tebas, hoy en día llamada Luxor, a donde acuden turistas de todas partes para admirar a los colosos de Memnón.
 
 
Amanece en el valle del Nilo, el sol se refleja en el ancho y lento cauce del río sagrado.
Los colosos de Memnón cantan para Eos, la diosa del amanecer.

 

Y desde aquí, John Howe te sumerge de nuevo en tu imaginación para sembrar la duda entre lo que puedes creer y lo que eliges dejar caer en el olvido racional. Te vas a la Atlántida.
 
(L)os atlantes dejaron de admirar la belleza y prefirieron acumular piedras y metales preciosos. Esto encolerizó a Zeus, que castigó a su hermano Poseidón. Presa de la ira y de la pena, Poseidón agitó el océano y una gran ola inundó la Atlántida.

«Platón asegura haber tomado la historia de la Atlántida de un relato escrito por un griego, Solón (que nació unos 200 años antes que él), que a su vez lo conoció gracias a los sacerdotes de Neith en Egipto. El relato cuenta que la Atlántida fue creada por el dios griego Poseidón para una hermosa mujer llamada Pleito. Poseidón dio forma a una gran isla, de 700 kilómetros de diámetro, con densos bosques y fértiles llanuras». (Una islita bastante regular, vamos).  

 

Sea como sea, Platón no sabía la que estaba liando con su historia, pues, aunque en su tiempo esta cayó en el olvido, la Atlántida estaba destinada a hundirse y resurgir de las aguas de la incredulidad cada cierto tiempo. 300 años después (más o menos) de que Platón escribiera sobre ella, en el siglo I, fue rescatada por Plinio el Viejo sin mucha repercusión tampoco, hasta el siglo XV, con el redescubrimiento de los textos de Platón, y después en el siglo XIX. Fue en esta época cuando, de repente, la Atlántida estaba en todas partes de este planeta y fuera de él. Sí, sí, la luna, por ejemplo.

 
Así, con tu sentido de la realidad totalmente en suspenso, sigues el recorrido a través de mitos y realidades: el palacio de Cnosos, en cuyo laberinto habitaba el minotauro, Troya, el Monte Olimpo, Pompeya, Asgard…
 
El hogar de los dioses y diosas nórdicos. Está guardada por altos muros y firmes murallas.
Bifrost, el puente del arco iris, une Asgard con el mundo de los hombres.

 

Pero no todo es mitología griega o romana. También te das un paseo por el Mississippi, por el Nuevo Mundo, por el Tíbet, Rapa Nui, Uluru, Pakistán… 
 
Mohenjio-Daro es el nombre que se le dio a una ciudad encontrada a orillas del río Indo, de más de 3000 años de antigüedad, y significa «túmulo de los muertos». Obviamente, no se sabe qué nombre tenía en sus días.

 

Por supuesto, no podía faltar Britania, es decir, Camelot y Avalón, desde donde te trasladarás a Faerie y de aquí a la Tierra hueca.
 
 
Y aquí termina la visita.
 
Desde el exterior de la cancela, una vez has abandonado el lugar donde yacen todos estos mundos, todavía puedes ver el puente del arco iris que te ha devuelto a la realidad. Los cuervos de Odín ya le llevan la noticia de que has regresado a salvo. (Ilusos de nosotros, que creemos que a Odín puede interesarle la suerte que corremos en nuestro camino).
 
El mundo está repleto de lugares explorados mil y una veces y que siguen siendo un misterio para nosotros, tanto por lo poco que se sabe de ellos, como por su construcción, como por las leyendas que corren sobre estos lugares, mitos tan llenos de magia que parecen imposibles desde nuestro punto de vista, tan superficial y apegado a una Tierra con la que no sentimos la más mínima unión y que nos empeñamos en destruir.
 
Si todavía no te sientes apabullado por la conclusión de que toda civilización acaba cayendo, y te has encaprichado de esta cosita, o al contrario, si necesitas algo que te distraiga de tal idea, te diré que, por desgracia, no vas a tener la suerte que tuve yo de encontrármelo en un mercadillo de libros de segunda mano. (O puede que sí; en ese caso, te lo aseguro: te mirará y te seducirá hasta que te lo lleves). Muchas librerías online dicen tenerlo, pero luego nada de nada. En Amazon (aquí) hay dos, y uno no lo recomiendo, pues suele pasar que la gente que vende objetos de segunda mano alucina con la perspectiva de sacar un pastizal (en este caso, más de 300€). Mejor el otro (es decir, el nuevo), y al parecer, solo hay un ejemplar. Si el inglés no te da miedo, ¡corre insensato! (Aquí). Que a buen precio solo hay uno.
 
Cuéntame, ¿qué mundos maravillosos, de esos que sacuden todas tus creencias, tienes a mano cuando más los necesitas?

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