admin/ octubre 1, 2018/ Análisis, reseñas y foto-reseñas/ 0 comments

Cuando empiezas a leer El árbol de las mentiras pasa una cosa muy curiosa. ¿Recuerdas cuando Risto Mejide insistía, allá en tiempos de los primeros OT, en que un cantante debía encontrar su voz, de manera que al oírlo se le reconociera inmediatamente? También sabes que ese consejo es aplicable a escritores, ¿verdad?

Bien, pues eso es lo que pasa con Frances Hardinge en cuanto la lees una vez. La suya es, junto con Concepción Perea, una de las prosas que yo, personalmente, reconocería sin dudar. Y digo «personalmente» porque, sí, esta es una reseña con mi opinión personal. Pero el libro merece un análisis con todos los recursos literarios que me han llamado la atención, y pronto lo tendrás. El caso es que me cuesta horrores hacer un análisis, y yo tenía prisa por decirte lo maravilloso que es este libro, así que, mientras tanto…

El árbol de las mentiras deja huella.

Ya no es que deje huella, es que te deja tocado cuando lo acabas. Pero tocado, tocado. Y hundido. Y sumamente feliz. Todo al mismo tiempo. Y sé exactamente cuándo ocurre esto: es en el momento final en el que SPOILER Faith y su madre alcanzan la comprensión mutua. Faith decide lo que quiere hacer con su futuro, y, sabiendo lo que pasa con las mujeres en su época (la Victoriana, sí), su madre le vaticina cómo será ese futuro, pero la acepta, cosa que no había hecho hasta entonces. Fin del spoiler.

Nosotras, como lectoras del futuro, sabemos que la madre de Faith tiene razón, pero no podemos más que agradecerle que deje de poner trabas a las aspiraciones de su hija (y te aseguro que durante la lectura la llegas a odiar por esto). Y es que también sabemos lo importante que es para la mujer de hoy que las del pasado se lanzaran a por aquello por lo que las iban a rechazar, que se atrevieran a adentrase en campos donde, de antemano, se sabían menospreciadas.

La historia de Faith es, pues, la historia de cómo una preadolescente de la época Victoriana encuentra el valor para rebelarse contra los limitaciones impuestas por cuestión de género. O dicho llanamente: a Faith no le permiten interesarse por la ciencia porque es cosa de hombres. Ella debe ser una señorita de bien, casarse cuanto antes, tener hijos…

Pero Faith es una «señorita» que tiene de mascota una serpiente china. Que entiende todo lo que su padre le explica sobre sus descubrimientos, sobre Darwin, Dios… Incluso se plantea cómo puede un pastor, como su padre, estudiar el naturalismo sin sufrir por la evidencia de que su Dios tal vez no creó al hombre.

Y aquí es donde entra en juego el árbol de las mentiras.

El árbol de las mentiras se alimenta de… sí, mentiras. Cuanto más grandes mejor, porque es así como acaba proporcionando la verdad. Faith resolverá el misterio que esconde la existencia de este espécimen y la extraña muerte de su padre con mucha valentía e inteligencia. Ah, y de paso, pondrá en evidencia la doble moral existente en la época Victoriana.

También tendrá que enfrentarse a las consecuencias de sus embustes, por supuesto, si no, ¿qué gracia tendría todo el asunto?

Recomendación.

Por muy juvenil que sea El árbol de las mentiras, es un libro que pueden leer todos los públicos. No encontrarás en él romances tóxicos o tontos. Bueno, en realidad, no hay romance que valga, así que si eso es lo que estás esperando, este libro no es para ti.

Sin embargo, si estás buscando algo que te mantenga enganchado, no lo dudes. El principio te intrigará porque querrás saber qué ha hecho el padre de Faith para que la familia haya tenido que dejar la ciudad. Después, un suceso dramático (que nos espoilea la solapa del libro, por cierto ¬¬) nos golpeará y nos obligará a quedarnos con Faith. Esta se pondrá a investigar las razones de que haya sucedido esto, y sobre todo el cómo, y esto la llevará al árbol. Lo demás, debes descubrirlo tú.

Entre otros premios, El árbol de las mentiras ganó el Kelvin 505 a la mejor novela juvenil extranjera de 2018. Supongo que ya sabrás que estos premios se entregaron en el festival Celsius, y, por supuesto, no me pude resistir a hacerle una foto. La autora, Frances Hardinge, no acudió al festival, pero ya me aseguré de enterarme si los organizadores estaban interesados en insistirle para que venga pronto. La respuesta, por supuesto, fue que sí. Bueno, admirad el premio. La foto no es muy buena, entre que la tomé con el móvil y los nervios que me dan cuando tengo a tanta gente a mi alrededor…

premio kelvin 505 2018 El árbol de las mentiras

La edición española, de la editorial Bambú, es maravillosa. Ya sabes que me encanta el ilustrador Chris Riddell, ¿verdad? Si no has visto aún la entrada sobre las Instrucciones de Neil Gaiman, ilustrado por él, ya estás tardando. Este es el enlace. El caso es que la edición habría dado para hacerle también una foto-reseña, pero entre la reseña y el análisis, me parece que es suficiente. Que hiciera triplete no sería justo para los otros libros.

Y además habrá sorteo.

Sí, sí, estoy tan empeñada en que te lo leas, que el día 10 de octubre haré un sorteo entre todos los suscriptores del blog. Si no estás suscrito no importa, puedes suscribirte ahora, que entrarás igual en el sorteo. Si no te toca, no sufras, el libro no es caro. Te paso mi enlace de afiliada para que lo veas en Amazon.

Por supuesto, no he dicho todo lo que desearía decir sobre esta obra, pero lo haré en el análisis, próximamente.

¿Y tú, has leído El árbol de las mentiras? ¿Qué te pareció?

 

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